La belleza natural y emocional no es una tendencia en mi vida, es una forma de vivir que llevo conmigo desde niña. Crecí rodeada de jalea real, infusiones, remedios caseros y el respeto por los ritmos del cuerpo. Con los años, me alejé de lo natural, pero fue precisamente en los momentos más duros cuando volví a lo esencial.
En este artículo, te cuento mi historia, cómo lo natural me ayudó a sanar por dentro y cómo tú también puedes empezar a cuidarte con métodos naturales que realmente conecten contigo.
Lo natural, parte de mi historia personal
Hace unos días, en una comida familiar en Madrid, mi prima me dijo algo que me hizo pensar: “Es normal que vayas por ese camino, lo natural lo has mamado desde pequeña.” Y es cierto.
De pequeña, mi madre nos llevaba al naturista del barrio. Nos daba jalea real para fortalecer el sistema nervioso, polen para el cansancio físico, y si nos sentíamos mal, siempre tenía una infusión o un jarabe natural a mano. Mi padre, por su parte, se comía un ajo crudo cada mañana en ayunas. En ese momento, me parecía una locura… Hoy sé que el ajo es un antibiótico natural, eficaz contra parásitos, buenísimo para los bronquios y capaz de disolver el ácido úrico acumulado en los músculos.
Recuerdo que cuando tenía molestias digestivas, mi madre me daba manzanilla dulce. A veces funcionaba y otras veces lo vomitaba todo. Ahora, gracias a lo que he aprendido con la fitoterapia, entiendo que muchas veces no era el estómago lo que no digería… sino las emociones que no podía procesar.
Cuando la vida me cambió, volví a lo natural
Durante años me alejé de todo esto. Me dejé llevar por las modas, por lo rápido, por lo superficial. Pero cuando la vida me dio un giro –ser madre, tener un negocio, quedarme viuda–, volví a lo natural. Esta vez, con otra conciencia.
Empecé a cocinar de nuevo, a usar plantas medicinales, a meditar, a observar mi piel y mi estado emocional como un todo. Y fue ahí cuando lo entendí: lo natural no solo ayuda al cuerpo, también sostiene el alma.
Mi rutina diaria natural (y simple)
No se trata de hacer 20 cosas, sino de elegir bien lo que tu cuerpo necesita.
1. En ayunas: Un vaso de agua templada con limón o infusión depurativa (como ortiga o diente de león).
2. Durante el día: Alimentos lo menos procesados posible, frutas y verduras de temporada, y un momento de respiración consciente entre clientas o tareas.
3. Por la tarde: Tisana para la digestión o para la circulación si he estado muchas horas de pie.
4. Por la noche: Rutina facial con pocos productos efectivos y un poco de automasaje.
5. Antes de dormir: Diario emocional (anotar cómo me sentí) o meditación guiada para cerrar el día.
Es sencillo, pero constante. Y me ha ayudado a recuperar energía, mejorar mi piel, y sentirme más en paz.
¿Y tú? ¿Sientes que tu cuerpo o tus emociones te están pidiendo un cambio?
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Te acompaño desde la experiencia, el corazón y el conocimiento. Porque cuidarse con métodos naturales es volver a ti misma. Por que se lo que olvidarse de una mima.